Método fácil y rápido para ser poeta, volumen II

Método fácil y rápido para ser poeta, volumen II, Pre-Textos/poéticas, mayo 2016



{...} La poesía necesita de la pintura y de la música, porque no es autosuficiente. El poeta recoge cosas de todas partes, aunque no como coleccionista. Hace mosaicos y tapicerías; tiene la función de integrar el mundo en el poema.


Jaime Jaramillo Escobar

Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)

sábado, 14 de octubre de 2017

El no regreso


Foto, Berna




Como un repentino viaje
inesperado y ausente de llegada
algo así
como alcanzar a ver
trazar
la cara que se esconde en cada sombra
y abrazarla

abrazarla arropándote en su oscuridad

así

y advertir
calidez, lluvia
tacto,
sucede
que viene la nostalgia
y lleva en el serón
un recuerdo,
veo
como todo permanece intacto
asusta,
la vejez en los ojos que desde allí miran
y no quiero volver
nada puede ser, ahora
de aquello que guardé al recordar
día tras día
lustrando
colocando los gestos
las frases en sus bocas,
inquieta,
la mentira lo irreal
la falsedad del lienzo
el trazo inexacto,
estremece,
la inexistencia
la muerte de las voces y el lugar
el no regreso.





miércoles, 30 de agosto de 2017

Pródromos del infortunio



Colmaba el aire de todas las notas esparcidas en los trinos de las aves pequeñas, collar imposible de alegría. El gozo en la sencillez de las horas tranquilas, en todo aquello que acontece entre visillos ligeros y cristales, en las esencias de alimentos guardados en cajas de hojalata. Una seda afectuosa vibraba sobre los ojos apenas cerrados, un leve movimiento entre los dedos, fugaz, como una sensación incesante y opuesta a las lágrimas, detenidas aún.
La piel uncida de extrema tibieza, de alegría amansada en el recodo húmedo y angular de los ojos, así discurría la luz, jugando despacio a estirar las sombras. Era la calma que sucedía repetitiva y antecesora de giros imposibles en los pliegos de cordel, en la ropa asiéndose con el borde hilvanado, al bramante. Serenas las cintas que te adornaban el pelo, revoloteando al ritmo del juego, de saltarinas figuras contenidas bajo la protección del cielo.
Como el estruendo lejano de la tormenta, el relámpago predecesor alerta los sentidos, los segundos que pasan tranquilos se giran sobre si mismos y se estremecen. Insignificante aún la muesca turbulenta que ciñe la cintura y avanza inexorable hacia el pecho que ríe, que canta. Llega brutal, poseedor del destino atroz, aflictivo, que invade el alma hasta entonces mecida; despiadado en su rapidez, en el resplandor profundo de las pupilas incrédulas ante la humedad que brota a borbotones, que empapa las manos tensas, las cintas enredadas en el pelo. Y como si el azar creara el mas aciago de los hechizos, engulle el reloj lo inmediatamente pasado, y la desdicha se queda llenando la luz. Todo el oscuro mundo viene y permanece, lacerando, con cada movimiento, en las arterias, hiriendo, ya despacio, cada uno de los vestigios que va encontrando a su paso: las ventanas, los trinos, la seda, la tibieza. 









domingo, 30 de julio de 2017

A Berenice (Canto)

Cómo pudiera yo decirte, cantar esta odisea que pasa de puntillas entre tus diez pequeños dedos. Cómo pudiera yo ofrecerte la tierra y todas, todas las nubes rosadas que protegen la casa. Cómo envolverte y hacer de mi piel un manto de prodigios, contra todo el temor que embiste con furia la puerta de tus días. Cómo puedo inmovilizar el paso tenebroso del agua terriblemente profunda que atravesamos. Berenice, si pudiera discernir la mágica luz reparadora que nace en el futuro y mostrártela entre mis manos agarrotadas por el salitre y el frío. No sé cómo abrazarte tan, tan estrechamente, para formar un vacío en el que solo respiraras las risas antiguas, el pan amasado y el agua. Cómo voy a conseguir que ni un solo rasguño de la ira y la estupidez del mundo te alcancen. Berenice, amor, diminuta sombra sobre la tierra, insignificante luz que intenta caminar y a quien me debo. Cómo ofrecerte la verdad, pequeño cuerpo malherido de caminos indescriptibles y tristes, cómo regalarte la sonrisa necesaria de cada mañana, si apenas puedo respirar en este viaje incierto, en este obligado paso sobre el rumor y la saliva de la muerte. Te cantaré, te cantaré despacio mientras nos escucha tu corazón y recibes la leche tibia de mi seno, murmuraré palabras que vienen de muy lejos acompasadas en el aire que roza las olas, te cantaré para que se alcen las manos dormidas bajo el agua, y los sueños de los muertos cubran la luna de colores, para que los peces vuelvan a recorrer una patria sembrada y florecida de dignidad, mi niña, dignidad; la flor más preciada, la más hermosa. Si yo pudiera Berenice, caminarías sobre adoquines de alborozo, abriría en dos el mar y te regalaría la tierra, el hogar, el alma blanca de las estrellas. Duerme mi niña, somnium hoc evanuit, duerme. 



Foto, Berna




domingo, 26 de febrero de 2017

Poema invisible

Foto, Berna
                                                                                               

                                                                                                 HAY luz dentro de la sombra, cunde
                                                                                                 la centella bajo alas inmóviles.
                                                                                                 
                                                                                                 Son mortales las médulas
                                                                                                 ocultas en la luz.

                                                                                         ANTONIO GAMONEDA (Arden las pérdidas)                                                                        

Narrar el espacio que transitan los insectos hacia la luz conmovedora, indescriptiblemente bella, podría resultar intranscendente si no fuera porque su presencia aviva los sentidos y aminora los latidos de las ideas alborotadas, inquietas, escondidas como una muchedumbre silenciosa tras las pupilas. Ese espacio nítido en su transparencia, acaricia en una discreta danza, como un balanceo leve, una vibración, un temblor que brota en la superficie. Hay un trecho hacia la luz de todas las cosas que viene a mostrarse tras empaparse en la oscuridad de las raíces. Huele a camino vertical, a fuerza exenta de límites y medida certera. Brota en el zaguán de las sombras y recorre el discernimiento de la vida. La acompaña. Envuelve el movimiento de los pájaros que lo atraviesan siempre en busca del otro lado: la mas absoluta oscuridad, la ausencia, la materia endurecida, sólida, la dilución de los perfiles, de las fronteras.
Un espacio ingrávido, ligero,
apenas perceptible
si no fuera
por esta blancura sin fin
la cadencia en los signos

                       de todos los poemas.

sábado, 14 de enero de 2017

Pierrot




Foto, Berna







Marcher sur un petit coin de la mémoire
là ou l'amour de Pierrot attendait
toujours
mon retour,
ou bien
peut-être jamais revenir
reconnaître à la fin
qu'il cachait
assis sur la lune
toutes mes étoiles.



lunes, 2 de enero de 2017

La promesa cautiva y el río Salzach






Foto Berna


               

domingo, 1 de enero de 2017

El revés de la nieve




La nieve era oscura.
Los copos desiguales venían hacia mi desde algún punto imposible, sombras haciendo contraluz sobre la hechicera blanca. La nieve era gris cuando se precipitaba diseminada y frágil entre espacios de silencio luminosos, formaba copos inquietos en el viento o amansados y verticales, mecidos en la ligereza del vacío, del aire desprovisto de su esencia. Era oscura y descendía sobre mis manos cubiertas de lana, la luz de la hechicera atravesaba entonces la brevedad insólita de la alegría y brillaba blanca sobre las hebras de colores entre mis dedos. La nieve, descubrí, tenía otro lado, un revés brillante y puro, una glacial ternura evaporada que respiraba, una blancura que solo podía ser obra de la magia.