Método fácil y rápido para ser poeta, volumen II

Travesía. Elsa López (Poesía Hiperión 2006)


Allí el campo se abre,
se extiende por las manos,
se hace olor a tinajas y a tierra cosechada.
Allí es la luz y el aire por cuartos y azoteas.
Allí Paula presiente el paso de las nubes,
con la inquieta certeza de las aves.
[...]



Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)

martes, 20 de febrero de 2018

El pequeño intervalo




Foto, Berna




En el viento poca cosa
quizás un rastro de dulzura cuando agita, apenas, la blancura como espuma descendiendo vertiginosamente desde el alto,
desde el alto hacia el abismo quieto del río.
Poca cosa la mañana
aunque levemente, tenues los trinos, la seda dorada en la rueca y en las manos inquietas
y esa lejanía en las voces de otro tiempo.
Como una órbita repleta de astros brillan
uno a uno cada precioso instante
giran, giran, la velocidad imposible de un tiempo tan desmadejado, afligido
la sombra y sueño de la nada.
Apenas el café en la taza y las migas
pocos detalles contrapuestos hasta que llega la noche y todo pasa
todo
sobre un mantel y una ventana que solo se abre hacia lo recóndito
allí donde las entrañas hablan
respiran,
¡correr!
lejos, hacia vosotros
otra vez
una vez más
el olor a trigo y a lavanda
las amapolas y las hormigas
las pequeñas margaritas
las blondas los domingos
las trenzas sobre vestidos blancos, bordados,
con flores y vainicas
uno a uno los bancos de la iglesia
los abrazos aun tibios de la noche desde la cuna
(el laurel, las castañas, los geranios
el carbón, la piel maravillosa de Paquita)
los abrazos, más
todos
y cada
uno.
Poca cosa el resto del café 
en el mismo lugar de cada mañana
sobre un mantel y una ventana,
pequeño el intervalo que resta

hacia vosotros.













martes, 23 de enero de 2018

Anónimas




Foto Berna
 



La tristeza esférica del náufrago
con su mirada de aloque
recorriendo
(instante fugaz)
todo el horizonte,
último,
cuando las aves se vuelven sombras
sobre gavillas de mimbres,
todo previene
anuncia
la trama oscura de la noche.
Y por más que esta bóveda
nos salpique de luceros
sé que en alguna parte
al final de la negrura
precipitada y sedosa
sobre el agua,
en algún espacio anónimo del océano
morirán.
Como el alcatraz perdido
enredado en la amnesia
libre ya de rumbo,
ellas cerrarán los ojos
como los cierra el mar.
Nadie
divisará
en la otra orilla,
sabiendo esa ausencia
para siempre,
tan solo
alguien que llora
tierra adentro,
y recoge
sobre un manto de sequía,
el hambre que llega
y sustituye al hambre
el abrazo que palpita, al despuntar el día
y vuela
enredado en la amnesia
hasta el halda del mar.












 






































sábado, 2 de diciembre de 2017

A Miriam, con todo mi amor


Estarás allí donde mire (foto, Berna)



Llegó como una pequeña sombra
un trazo que dibujaba las interrogaciones
el gozo
la fuerza vacilante
el juego inseguro
de la vida,
cruzó el umbral de mi hogar
y se quedó
tanto
que
ningún espacio
ninguna molécula de aire
ningún hilo de luz
empeñados en tejer la alegría
sobre las paredes
de la casa
ninguno quedó exento de su risa,
un hechizo de paz, de afecto
que quise acoger para siempre
pese a esa muesca triste
futura
apenas vislumbrada
de su adiós.
Ahora crepita tibio entre mis dedos
un, todavía diminuto recuerdo,
una vez más
la incansable
alfarera
le da forma
delicadamente
y trabaja el contorno de sus ojos
de su boca sonriente
de su larga melena,
amasa
utilizando sus ofrendas
el calor que nos regalaba
cada día,
y concluye
el trabajo conmovedor
punzante
concluye
con todo el cuidado y la ternura
llevando
a las puertas de la memoria
una añoranza
bella, generosa
indeleble
en el olvido.











domingo, 5 de noviembre de 2017

Lo que compartimos

 

Foto, Berna




Abriré una zanja
junto a las otras
profunda,
sabré que lo será
suficientemente
cuando la última palabra
caída y derrotada
desaparezca entre las raíces,
en el fondo esparciré la luz
las  grandes plumas doradas
las gotas de angustia, de empeño
y el relámpago que iluminó
el iris de tus ojos
al despedirme,
sobre las pequeñas cosas
sobre los sueños
extenderé la tibieza imperceptible de las mariposas
la alegría del agua entre los cantos
el abrazo estrepitoso de las nubes
de las olas rutilantes, revoltosas
de la hoguera que alumbra el horizonte.
Un manto de tierra recia
húmeda
la cubrirá entera,
un estrato oscuro y compacto
impenetrable.
Descenderán
entonces
todas las semillas que fui guardando,
algunas ya brotadas de impaciencia,
todo el amor en cada movimiento
en cada paso,
para que no se dañen
para que germinen;
Allanaré la superficie
y no quedará indicio
ni huella
de todo lo hecho
consumado.


"Salomé, aquí
¡mira!

alguno
de estos renuevos

te pertenece".









sábado, 14 de octubre de 2017

El no regreso


Foto, Berna




Como un repentino viaje
inesperado y ausente de llegada
algo así
como alcanzar a ver
trazar
la cara que se esconde en cada sombra
y abrazarla

abrazarla arropándote en su oscuridad

así

y advertir
calidez, lluvia
tacto,
sucede
que viene la nostalgia
y lleva en el serón
un recuerdo,
veo
como todo permanece intacto
asusta,
la vejez en los ojos que desde allí miran
y no quiero volver
nada puede ser, ahora
de aquello que guardé al recordar
día tras día
lustrando
colocando los gestos
las frases en sus bocas,
inquieta,
la mentira lo irreal
la falsedad del lienzo
el trazo inexacto,
estremece,
la inexistencia
la muerte de las voces y el lugar
el no regreso.





miércoles, 30 de agosto de 2017

Pródromos del infortunio



Colmaba el aire de todas las notas esparcidas en los trinos de las aves pequeñas, collar imposible de alegría. El gozo en la sencillez de las horas tranquilas, en todo aquello que acontece entre visillos ligeros y cristales, en las esencias de alimentos guardados en cajas de hojalata. Una seda afectuosa vibraba sobre los ojos apenas cerrados, un leve movimiento entre los dedos, fugaz, como una sensación incesante y opuesta a las lágrimas, detenidas aún.
La piel uncida de extrema tibieza, de alegría amansada en el recodo húmedo y angular de los ojos, así discurría la luz, jugando despacio a estirar las sombras. Era la calma que sucedía repetitiva y antecesora de giros imposibles en los pliegos de cordel, en la ropa asiéndose con el borde hilvanado, al bramante. Serenas las cintas que te adornaban el pelo, revoloteando al ritmo del juego, de saltarinas figuras contenidas bajo la protección del cielo.
Como el estruendo lejano de la tormenta, el relámpago predecesor alerta los sentidos, los segundos que pasan tranquilos se giran sobre si mismos y se estremecen. Insignificante aún la muesca turbulenta que ciñe la cintura y avanza inexorable hacia el pecho que ríe, que canta. Llega brutal, poseedor del destino atroz, aflictivo, que invade el alma hasta entonces mecida; despiadado en su rapidez, en el resplandor profundo de las pupilas incrédulas ante la humedad que brota a borbotones, que empapa las manos tensas, las cintas enredadas en el pelo. Y como si el azar creara el mas aciago de los hechizos, engulle el reloj lo inmediatamente pasado, y la desdicha se queda llenando la luz. Todo el oscuro mundo viene y permanece, lacerando, con cada movimiento, en las arterias, hiriendo, ya despacio, cada uno de los vestigios que va encontrando a su paso: las ventanas, los trinos, la seda, la tibieza. 









domingo, 30 de julio de 2017

A Berenice (Canto)

Cómo pudiera yo decirte, cantar esta odisea que pasa de puntillas entre tus diez pequeños dedos. Cómo pudiera yo ofrecerte la tierra y todas, todas las nubes rosadas que protegen la casa. Cómo envolverte y hacer de mi piel un manto de prodigios, contra todo el temor que embiste con furia la puerta de tus días. Cómo puedo inmovilizar el paso tenebroso del agua terriblemente profunda que atravesamos. Berenice, si pudiera discernir la mágica luz reparadora que nace en el futuro y mostrártela entre mis manos agarrotadas por el salitre y el frío. No sé cómo abrazarte tan, tan estrechamente, para formar un vacío en el que solo respiraras las risas antiguas, el pan amasado y el agua. Cómo voy a conseguir que ni un solo rasguño de la ira y la estupidez del mundo te alcancen. Berenice, amor, diminuta sombra sobre la tierra, insignificante luz que intenta caminar y a quien me debo. Cómo ofrecerte la verdad, pequeño cuerpo malherido de caminos indescriptibles y tristes, cómo regalarte la sonrisa necesaria de cada mañana, si apenas puedo respirar en este viaje incierto, en este obligado paso sobre el rumor y la saliva de la muerte. Te cantaré, te cantaré despacio mientras nos escucha tu corazón y recibes la leche tibia de mi seno, murmuraré palabras que vienen de muy lejos acompasadas en el aire que roza las olas, te cantaré para que se alcen las manos dormidas bajo el agua, y los sueños de los muertos cubran la luna de colores, para que los peces vuelvan a recorrer una patria sembrada y florecida de dignidad, mi niña, dignidad; la flor más preciada, la más hermosa. Si yo pudiera Berenice, caminarías sobre adoquines de alborozo, abriría en dos el mar y te regalaría la tierra, el hogar, el alma blanca de las estrellas. Duerme mi niña, somnium hoc evanuit, duerme. 



Foto, Berna