Método fácil y rápido para ser poeta, volumen II

Travesía. Elsa López (Poesía Hiperión 2006)


Allí el campo se abre,
se extiende por las manos,
se hace olor a tinajas y a tierra cosechada.
Allí es la luz y el aire por cuartos y azoteas.
Allí Paula presiente el paso de las nubes,
con la inquieta certeza de las aves.
[...]



Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)

martes, 31 de julio de 2018

Nubes




Foto, Berna

 

Yo quise ser como las nubes, cambiar de forma, correr, desaparecer, envolver el mar. Pero las nubes pesan, bañan la piel con su veneno poderoso y los huesos de aire se vuelven golondrinas obligadas a volver. No existen las nubes en la memoria, solo la luz. Solo la luz permanece y barre con dulzura el horizonte para que pueda sentir el aleteo de los sueños, para conseguir esconder todos los mapas de la tierra, para olvidar los naufragios y el vino amargo de algunas cosechas.

domingo, 22 de julio de 2018

Tierra





Foto, Berna


 



Cómo amar esta tierra destinada a la labranza del tiempo
a ocupar extensa, la superficie rasa de la vida;
tierra de fango, de reptiles, de huesos
tierra de arcanos
de raíces feraces, de ríos,  

tierra de Dioses exánimes

y multitudes

de clamor
sobre desiertos blancos,
de escombros
de amapolas al borde del camino
y en la puerta

tierra

tierra y humo.













domingo, 17 de junio de 2018

Huellas e insomnios





Foto, Berna





Sin adormecerme apenas
quiere la noche quedarse a mi lado
compartir la almohada
retener con ternura
el aire dulce del sueño;
quiere la calma en las aceras,
el vientre de las nubes iluminado por la ciudad,
custodiar la puerta del averno
para que no me desvanezca.
Y a pesar de todo
vuelve
el ruido en la cerradura, la deshora, la torpeza de sus pasos,
respira el hombre mas amado del mundo
el aire turbio del alcohol,
quiere descansar
olvidar
destruir para siempre los días que le quedan por vivir
y muchos de los ya sepultados sin destreza.
Es tan descuidado que no sabe
cómo se barre una sombra ya ebria
cómo evitar que nos envuelva
la tristeza alargada por las luces de hilo incandescente.
Tose, respira ruidosamente, avanza pensando con lentitud
su segundo paso.
Queda tiempo aún para que amanezca
vigilo la ranura de la puerta esperando
a que su luz desaparezca y todo se quede quieto.
Pero ocurre que vienen reproches
como enjambres de mariposas fugaces
desde la cocina,
la mujer mas amada del mundo vuelve a padecer,
toda la casa se anega de amargura,
a ocurrido una vez más, como el filo de un cuchillo
haciendo una muesca en el recuerdo.
Él desconoce esas aristas
no alcanza a entender (o quizás sí)
al niño que fue, las heridas que le muestra en las manos.
Todo fluye circular y repetitivo
todo intenta ser
como un tornado furioso
rodeando de viento
en su centro,
la quietud.



domingo, 6 de mayo de 2018

Pequeñas aves



Foto, Berna





Y cuando te pierda
llamarán a mi puerta las palabras
como ondas de tiempo lejanas;
las larvas
que no pudieron mostrar sus alas
ofrecerán la lluvia,
el futuro
sobre las hojas aún verdes
del nandumbu.
Rozarán, el viejo tronco
las flores en su caída
y alfombrarán rosadas la tierra.
Como pequeñas aves
las que trinan alto cuando miran,
y descienden al suelo para comer tu pan,
como ellas temerosas y frágiles
sentiré la incertidumbre del pasado
y todo lo que quise darte,
sin valor
sin coraje,
con el miedo carcelario y sombrío
del daño.
Ocurre
sobre minúsculas grietas del acero
que tu luz reaparece
y me toca,
y no puedo morir,
la ausencia se pronuncia entonces
desde su trono inalcanzable
y el aire deja de fluir.
Esa luz
se desliza
sobre la etérea superficie del abrazo,
en el que alguna vez
(me estás diciendo)
nos vimos
nos reconocimos

nos perdonamos.









sábado, 24 de marzo de 2018

El zaguán de sus pupilas


Me he detenido un momento, he observado todas esas imágenes, haciendo hileras, cubriendo sin dejar espacio media pared. Casi todas las fotografías mostraban solamente el rostro, las miradas se dirigían hacia un punto concreto de la mía, como si el objetivo que captó la imagen fuera en realidad, un confidente muy intimo. Solamente dos segundos fueron necesarios para notar la textura del vacío invadiendo todos los rincones y alacenas de recuerdos; con apenas una llama de luz, recorrí aquel camino tras el zaguán de sus pupilas inmóviles sobre el papel. Y descubrí la soledad, la soledad envejecida, aislada irremediablemente del mundo, sin memoria de si misma, sin puente levadizo para huir hacia una génesis de tiempo, donde mantenerse latente al final de un maravilloso y nuevo camino. La nada y la soledad coronadas por un gorro de Papá Noel absurdo, irreverente, impostor sobre unas cabezas que dejaron hace tiempo de fabricar rebeliones cotidianas contra la vida. Un gorro rojo con franja blanca, la bandera de la rendición mas triste, sin armas en el alma ni mapas donde guiar los pasos. Huele a café, son las ocho de la mañana, el comedor recibe, sin remedio, los treinta y cinco desayunos, el silencio es casi total, inexplicable, tan solo una mujer alta, en los huesos, caminando arriba y abajo del pasillo, la mirada perdida, canta una canción repetitiva, dice, no quiero desayunar, me pregunta, qué estoy mirando, le digo las fotos, ella asegura no ser la que le muestro y medito si duele de alguna manera saberse prisionera allí.

martes, 20 de febrero de 2018

El pequeño intervalo




Foto, Berna




En el viento poca cosa
quizás un rastro de dulzura cuando agita, apenas, la blancura como espuma descendiendo vertiginosamente desde el alto,
desde el alto hacia el abismo quieto del río.
Poca cosa la mañana
aunque levemente, tenues los trinos, la seda dorada en la rueca y en las manos inquietas
y esa lejanía en las voces de otro tiempo.
Como una órbita repleta de astros brillan
uno a uno cada precioso instante
giran, giran, la velocidad imposible de un tiempo tan desmadejado, afligido
la sombra y sueño de la nada.
Apenas el café en la taza y las migas
pocos detalles contrapuestos hasta que llega la noche y todo pasa
todo
sobre un mantel y una ventana que solo se abre hacia lo recóndito
allí donde las entrañas hablan
respiran,
¡correr!
lejos, hacia vosotros
otra vez
una vez más
el olor a trigo y a lavanda
las amapolas y las hormigas
las pequeñas margaritas
las blondas los domingos
las trenzas sobre vestidos blancos, bordados,
con flores y vainicas
uno a uno los bancos de la iglesia
los abrazos aun tibios de la noche desde la cuna
(el laurel, las castañas, los geranios
el carbón, la piel maravillosa de Paquita)
los abrazos, más
todos
y cada
uno.
Poca cosa el resto del café 
en el mismo lugar de cada mañana
sobre un mantel y una ventana,
pequeño el intervalo que resta

hacia vosotros.













martes, 23 de enero de 2018

Anónimas




Foto Berna
 



La tristeza esférica del náufrago
con su mirada de aloque
recorriendo
(instante fugaz)
todo el horizonte,
último,
cuando las aves se vuelven sombras
sobre gavillas de mimbres,
todo previene
anuncia
la trama oscura de la noche.
Y por más que esta bóveda
nos salpique de luceros
sé que en alguna parte
al final de la negrura
precipitada y sedosa
sobre el agua,
en algún espacio anónimo del océano
morirán.
Como el alcatraz perdido
enredado en la amnesia
libre ya de rumbo,
ellas cerrarán los ojos
como los cierra el mar.
Nadie
divisará
en la otra orilla,
sabiendo esa ausencia
para siempre,
tan solo
alguien que llora
tierra adentro,
y recoge
sobre un manto de sequía,
el hambre que llega
y sustituye al hambre
el abrazo que palpita, al despuntar el día
y vuela
enredado en la amnesia
hasta el halda del mar.