Canción del que escucha. Vicente Gallego. (Si temierais morir, TusQuets 2008)
A Miguel Ángel Velasco
[...]
¡Si nos lo hubieran dicho
que estar vivos sería
un asunto tan serio;
que habríamos de ir
tan lejos y por dónde;
que la sangre
al final
nos llegaba hasta el río!
[...]



Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)

jueves, 20 de diciembre de 2018

Historias: el padre de Manuela


Foto, Berna


 

Hay un misterio en su vaivén, las escobillas recorren el vidrio del parabrisas, la última barrera que queda por caer antes de ser presa de la calle. En sus ojos se suceden los semicírculos que arrastran la lluvia a su paso y por un momento breve, dejan ver los árboles azotados por un viento indomable, persistente en su trabajo, arrancando las hojas más duras, más débiles. Fugaz, todo el tiempo es fugaz, piensa, la mantequilla en el pan por las mañanas, el olor de su madre a su lado, temprano, a la vista de los últimos minutos de la noche, el calor de las mantas pesadas en la cama con colchón de lana vareada, la estufa de gas, la dálmata. El ruido de la lluvia ahora furiosa, resuena en el interior del coche, el mismo que asustaba a Manuela cuando tenía cinco años, se relaja su cara al recordarlo, tan inquieta, corriendo por la casa, gritando toda esa alegría que mueven los niños y devuelven al mundo; Manuela, dice sin querer, y la lluvia atraviesa el cristal para posarse en sus ojos. Cuál pudo ser el mal paso, en qué momento cayeron los naipes que alzaban la casa, el universo donde gravitaban las horas de la Historia en la que pasaban los días de la normalidad. Hoy hace frío, las mantas intentan abrigarlo pero no pueden, el hielo se esconde en las arterias, en los pulmones, el estómago se acostumbra a estar quieto. Todas las luces de la ciudad lo están mirando, lo observan sin llamarlo, sin abrir los brazos en señal de bienvenida, de acogida. Notan su presencia, sospechan la tragedia, adivinan, solo eso, nada más. Es la hora de salir a comer lo que se pueda, a orinar y defecar donde se pueda, a dejarse empapar por el agua que regalan las nubes a toda la tierra, a él también. Cierra la puerta del coche, los limpiaparabrisas quietos en el regazo del capó, la oscuridad densa en el interior, como la pena. Un albergue para ir tirando de la vida como de una maleta pesada y preciosa a la vez. Un trabajo para un mendigo, (y quién emplea a un mendigo). Una llave para volver a abrir la puerta de su casa, para volver a ser visible, como la calle desde el coche, las escobillas a cada recorrido, con cada vaivén contra la lluvia.





domingo, 18 de noviembre de 2018

Temer





Foto, Berna








Sobre la piel fría.
sobrevolar como las moscas, la piel fría, el relieve de la frente, el abismo en las cuencas de los ojos, los labios grises, una travesía desde el cuello, sobre los puentes del corazón hasta el estómago, no hay temor, ningún temor. La inmovilidad. Yacen a su hora, en el minuto justo, cuando acude, tras el grito exhalado, tibio, la última estrella a las pupilas. La quietud. La recogida de la cosecha sobre las alas, palabras prodigiosas, torpes, imágenes de seres ya tan diminutos, irreconocibles, la lejanía progresiva de la luz, las voces finales, el tacto atenuando su presencia en las manos. Ningún temor, resignación aprendida, exactitud en el final de una senda que ya se desvanece.
Solamente, llega inmensa, delimitando la silueta de quien aún no sabe, no quiere saber, que ya su tiempo está mudando y todo aquello que lo erige y lo define entre tantas otras cosas, se despojará de cualquier sentido, que toda su memoria hará el equipaje, toda la memoria, los sueños, pequeñas burbujas de luz que se irán quedando en el camino ya, hacia ninguna parte. Llega oscura y brillante como un puñal que se alzara sin remedio sobre el alma sumisa, que me mira atónita a los ojos y temo. Toda la piel empapada por su miedo. Llega enredando sus noches, invadiendo sus horas con despedidas, deseos postreros, tristeza. Temo. Noto las sílabas inconexas naciendo aleatorias en su garganta. No puedo comprender. La certeza los dos de que ya poco queda y aun tanto por hacer y ese cielo que ahora vemos mas incierto, distante. La inquietud del que no sabe. Yo no sé. Temo. Llega ritual, sigilosa, la siente, la sentimos. Y esa oscuridad que se divisa. Los últimos pasos, lo que aún queda, la muerte pronunciando su nombre en la distancia.

Temo
aun en la certeza,
el tránsito irrenunciable

la soledad,
y vosotros
todas vosotras
tan, tan lejanas...













domingo, 21 de octubre de 2018

Destino





Foto Berna






Sus hojas se vuelven plateadas cuando las roza el viento. Las he visto vibrar, inclinarse hacia el oeste, resistir sobre delicadas ramas el azote de la miseria que trae el aire, en una luz que declina acerada y fría. Tiemblan todas juntas y la luz recoge sus mensajes que estremecen al mundo. Las hojas se vuelven plateadas y alguien mira por última vez el horizonte plano de la indiferencia. Ellas vibran sobre el árbol de raíces extensas como ríos que nunca desembocan. Y entre tanto alguien cree suyo el mar y juega a cambiar las coordenadas, a escribir los nombres que se hunden atados al peso de la indolencia. Cree suya la luz que recorre la casa y ciega con desidia las ventanas. Plateadas reflejan las nubes y reciben la lluvia empapando despacio la piel de Caronte que llora y no quiere sus monedas. Desde la silla, sobre el mundo, la tinta indeleble de su pincel dibuja, traza caminos que nunca se bifurcan, simas para esconder la pobreza, tierras que jamás recuerdan. Murmuran plateadas y el mundo ladea la cabeza y escucha el llanto del barquero; entiende y aprende, traza, dibuja, las hojas plateadas que habrán de morir inevitablemente.


Acaso
el espejo del agua
las mantiene
cautivas.

jueves, 16 de agosto de 2018

Acogida







Fotos, Berna




Si ocurriera
y la lluvia diluyera la memoria
repentinamente, por sorpresa,
y te viera pasar
sobre la espalda el atadijo
algo de comer y las manos diminutas agarradas a tu falda,
si te viera pasar
los ojos arrasados y el hambre
y el frío
y el duelo que deja la ausencia de futuro
y la fiera del pasado hiriendo tu sombra,
si ocurriera y no pudiera recordar mi juramento
porque todos los días son ahora primavera
y el mar está en calma, y el sol desciende dulcemente sobre su horizonte,
si pasaras ante mí y el miedo que te empuja con látigo certero
no me rozara siquiera,
si te viera caer de rodillas ofreciéndome tu vida a cambio de las suyas
tan pequeñas,
y solo viera el bosque tranquilo arrullando a la montaña,
si ocurriera que la amnesia me volviera indiferente a tu destierro
y olvidara el mío,
sacude con fuerza las ramas felices de mi existencia
hasta dejarlas desnudas
en tu mismo invierno
el que siempre vuelve,
y ese temor que te viste
me recuerde
que fueron tus brazos,
entonces
mi cobijo
y piense, y te acoja, y piense
y recuerde mi dolor
y piense.


martes, 31 de julio de 2018

Nubes




Foto, Berna

 

Yo quise ser como las nubes, cambiar de forma, correr, desaparecer, envolver el mar. Pero las nubes pesan, bañan la piel con su veneno poderoso y los huesos de aire se vuelven golondrinas obligadas a volver. No existen las nubes en la memoria, solo la luz. Solo la luz permanece y barre con dulzura el horizonte para que pueda sentir el aleteo de los sueños, para conseguir esconder todos los mapas de la tierra, para olvidar los naufragios y el vino amargo de algunas cosechas.

domingo, 22 de julio de 2018

Tierra





Foto, Berna


 



Cómo amar esta tierra destinada a la labranza del tiempo
a ocupar extensa, la superficie rasa de la vida;
tierra de fango, de reptiles, de huesos
tierra de arcanos
de raíces feraces, de ríos,  

tierra de Dioses exánimes

y multitudes

de clamor
sobre desiertos blancos,
de escombros
de amapolas al borde del camino
y en la puerta

tierra

tierra y humo.













domingo, 17 de junio de 2018

Huellas e insomnios





Foto, Berna





Sin adormecerme apenas
quiere la noche quedarse a mi lado
compartir la almohada
retener con ternura
el aire dulce del sueño;
quiere la calma en las aceras,
el vientre de las nubes iluminado por la ciudad,
custodiar la puerta del averno
para que no me desvanezca.
Y a pesar de todo
vuelve
el ruido en la cerradura, la deshora, la torpeza de sus pasos,
respira el hombre mas amado del mundo
el aire turbio del alcohol,
quiere descansar
olvidar
destruir para siempre los días que le quedan por vivir
y muchos de los ya sepultados sin destreza.
Es tan descuidado que no sabe
cómo se barre una sombra ya ebria
cómo evitar que nos envuelva
la tristeza alargada por las luces de hilo incandescente.
Tose, respira ruidosamente, avanza pensando con lentitud
su segundo paso.
Queda tiempo aún para que amanezca
vigilo la ranura de la puerta esperando
a que su luz desaparezca y todo se quede quieto.
Pero ocurre que vienen reproches
como enjambres de mariposas fugaces
desde la cocina,
la mujer mas amada del mundo vuelve a padecer,
toda la casa se anega de amargura,
a ocurrido una vez más, como el filo de un cuchillo
haciendo una muesca en el recuerdo.
Él desconoce esas aristas
no alcanza a entender (o quizás sí)
al niño que fue, las heridas que le muestra en las manos.
Todo fluye circular y repetitivo
todo intenta ser
como un tornado furioso
rodeando de viento
en su centro,
la quietud.