He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes (2019)

Basilio Sánchez (XXXI Premio Loewe)
Colección Visor de Poesía.
[...]

No he paseado nunca con mi herida
por ninguno de los jardines que conozco.

La herida es el eclipse que revoca la luz,
la herida es la distancia
que nos convierte en extranjeros.

En el dolor no hay pájaros,
sólo dioses hablando con los dioses.


Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)
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domingo, 13 de diciembre de 2015

La luz errante



Foto Berna
           
                             



Para entonces, todas las estrellas serán distintas
albas aún,
de luz se irán tatuando
poco a poco
sobre tu pelo.
Para entonces
la transparencia del aire
rozará los pulmones
por última vez
y serán distintas,
ausentes
cubrirán
los párpados
los huesos
la total inmovilidad,
ocultas
tejerán con hilo luminoso
una mortaja deslumbrante
una galaxia de ternura
de equívoca oscuridad.
Todas esas estrellas
en tu pelo
errante luz en cada noche
fanal escondido entre los sueños.
































sábado, 29 de noviembre de 2014

La lucha

Están dormidas
en cada mota de luz que deja flotar el aire,
entierran con los dedos sus conciencias
hostiles
y dejan de pensar.
Se inclinan hacia el sur las ramas de noviembre,
están dormidas,
en la hojarasca húmeda de la mañana sienten frío
y dejan de pensar.
No sirve contra el hielo, la piel
tampoco agazaparse entre la herrumbre
retorcida de las mentiras,
hay que caminar, buscar abrigo.
Una superficie oscura cubre el verano
pronto el silencio vendrá,
dejará paso
al sonido limpio de las olas
y hará frío.
Es preciso caminar, no estar quietas en el borde de la luz amarilla
en ese espejismo que esconden las palabras de doble filo,
mira
sigue ese rayo de ocaso, piensa
¿a donde va?
piensa
síguelo, camina
un manto cálido llegará, llenará tus pies de camino
sentirás rabia y dolor, pero no el frío
se armarán tus brazos para la lucha
derrotarás al silencio y resultarás herida
cambiarás el mundo y no pararás entonces,

no.
      piensa
                  lucha


"He visto caer la primera nieve
y rozarme las balas
pienso
cambiaré el mundo
no siento frío"




domingo, 23 de noviembre de 2014

Tumores: La tristeza

La tristeza pese a todo, crece como un tumor de histología difícil en forma de grandes racimos. Se extiende con preferencia desde la curvatura mayor del estómago a pericardio, con frecuentes metástasis en el lóbulo temporal. Se replica en las células que contienen millones de mariposas. Algunos estudios apuntan a los recuerdos como principal causa, seguidos de la soledad y de la consciencia del paso del tiempo sobre un miocardio roto, quebradizo y seco. La magnitud exacta es desconocida. La mayor proporción de casos se encuentra entre las personas capaces de atravesar las horas y llegar al espacio vacío de tiempo, cuyas esquinas onduladas y oscuras apenas contienen una sola imagen bien definida de lo que ya ha ocurrido, pese a seguir presente el momento. En ese espacio de elegía, nacen las historias mas hermosas, aunque muy pocas son ciertas. Se encuentra el valor; en realidad es el valor el continente en el que, en un intento desesperado de remisión, surgen despacio las lágrimas, llenándose con restos de mar y caracolas. Éstas, regresan por los caminos, en forma de racimo que traza el tumor, hasta la comisura de los ojos, donde, tras un colapso insoportable de los segundos, se inundan por dentro de luz para salvar, durante el tiempo que tarda la lluvia en caer, la vida detenida del enfermo. Existen multitud de causas en estudio. Ningún trabajo es aún concluyente.


Deja que te bese en la frente
quiero que respires
no soporto ese brillo de escamas
y esa boca buscando el mar
en medio de la nada.

Bibliografía:

1 A veces viene la tristeza ( Jose Angel Valente. Punto Cero.)
2 Horas de melancolía (Cavafis 1895)
3 Nueche de quema (Berta Piñan. Noches de inciendio 1985-2002)

domingo, 12 de octubre de 2014

Recordando a Rita

Naftalina, abrigos, moscas
el crucifijo en la pared
una caja de metal con cerradura
el pasillo largo y oscuro
largo, cubierto de pasos sin vuelta
manchado de sílabas mudas, transparentes,
lágrimas en los pomos de las puertas,
en la bata guateada del invierno.
Te quiso pese a todo y contra todo
quién sabe si lo supiste, si lo supieron
tan claros los ojos te miraban desde aquí
y tu luchando los días en Madrid.
No pudo haber amor mas puro, ausente de reproche
suplicante.
Tuviste que perder la cordura y olvidarle,
en eso consistió la luz y la certeza.
Y ya no quedó nada salvo las figuras de plata,
los recortes de prensa, la marquesa de Tamarit, el olor de la agonía
justo al final del pasillo
y ese caminar sin memoria
al salir por última vez de la casa
en Felipe V.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Anatomía



Para cuando aprendas todas las cosas que se deshilachan de la anatomía, quizás sea ya tarde. Deberías prestar atención a esas mariposas microscópicas, capaces de rozar el imaginario desbordante del lóbulo temporal y atrapar imágenes, sonidos aterciopelados, olores mágicos, con la gran capacidad de hacerte sonreír como una tonta, sola, en un lugar indeterminado, repentino. Para cuando hayas encajado las piezas de mi cuerpo y sepas recitarme de memoria cada uno de mis huesos, se habrán escapado los latidos atípicos de los sueños, que vagando por encima de las cortinas y del vaso de agua en la mesita, buscan sin brújula alguna, la forma de llegar a una de las pequeñas estrellas. Levantarás la vista del atlas, pero el rastro salado en las mejillas, el vacío pétreo que me convertirá en estatua, la tristeza hecha tumor de histología volátil e incierta, todo acabará por converger en un punto de fuga, donde la carne desaparece a la izquierda del cuadro. Para entonces estaré dormida y no sabré reconocer las palabras exactas que utilizas para describirme, y todo este mundo que no me cabe aquí dentro habrá invadido las zonas prohibidas del olvido y ya no sabré si las nubes anaranjadas de las ocho en mi ventana, siguen siendo el alba. Hoy el café sabe realmente delicioso, Josefa lo hacía igual con sus manos huesudas y sus sayas negras. Que alivio, allí sigue intacto como una pirámide milenaria, el refugio de lo previsible, y ese faro de luces vertiginosas que ilumina, por espacio de unos segundos, el mar sereno de mis recuerdos. No estaría de mas darle la vuelta al libro de anatomía y observar la sombra que nace de tus pies. Eres tu, moldeado por la luz, el amor que descubriste en un fardo y ese rumor de hojas secas, que corren como un río de caramelo hacia los labios de tu tiempo.

jueves, 14 de agosto de 2014

Contraluz

Compró un paquete de café para moler y el periódico. Se difuminaban los restos de la noche en el horizonte estrecho del final de la calle, sus pasos hacían eco en el silencio apacible de la madrugada, cuando el cielo despeina nubes y pinta de oscuro el contraluz de los pájaros, a pequeños trazos de lápiz. El aroma del cafe en el molinillo, pensó. Y en esa taza sola, el borde afilado del hielo arañando el reloj, el despertar a los días que ya recién nacen se han desvanecido. El folio en blanco concentra sus ideas en un punto equidistante entre lo ya transcurrido y el muro de herramientas para construir un libro. Se esfuerza por sentir, por recordar, por mirar a la calle y conmoverse, por idear placer. Suena el timbre del portal y la ve a través de la ventana, ella sabe que la observa. Otra taza en la mesa, la ropa en el suelo, el olor a madreselva y azahar llenándolo todo de humedad, siguiendo los dedos el camino hacia sus pechos, la tibieza de su sexo, sus labios, los párpados entrecerrados mientras la llenaba y se volvían locos. El folio completo desaparece y otro mas blanco aún se muestra en la pantalla del ordenador, huele a café frío y a fantasmas. Retoma la concentración. Es la única manera de retenerla. Lo demás son sólo, pájaros a contraluz.

lunes, 12 de mayo de 2014

Diosas

Querer no es suficiente tributo, solo, quizás, para las Diosas. Ellas, en su pedestal, en su fría existencia incorpórea, tan solo miran, creo, a los ojos del que dice las ama, y escuchan. Éste relata su presente, sus miserias, su ego crecido en los días azules, el barro de sus zapatos, las heridas, la falsa humildad ante un ídolo de piedra. Ellas, las Diosas, con su impasible perfil, le dan el beneplácito de la prórroga, no se ofenden porque nada han contado que alguien, de verdad, recuerde. No sienten, no lloran, no ríen, o por lo menos, ningún amante lo ha advertido pese a la inmensa devoción y a las horas de recogimiento en el templo. Corren por los siglos las historias donde alguna de las Diosas rompió la distancia y la piedra y oyó, sintió, latir su propio corazón. Ellas se arrodillaron con ternura a los pies de sus hombres devotos y les hablaron. Palabras sobre sus sueños, sus días anodinos, los detalles insignificantes que dibujan los contornos de los días y los hacen brillar. Ninguna pudo en verdad, deshacer la distancia. Demasiado lejos la memoria de quien las ama.

sábado, 5 de abril de 2014

El relevo

Mi abuela nunca me dijo que la vida avanzaba en redondo, pero tengo la sensación de estar escuchándola y viéndola caminar mientras repite historias sin mover los labios, como si exhalara imágenes por la nariz y se reflejaran en un azul y blanco como de cielo. Ella no sabía (o quizás si) que ya todo había ocurrido y que la vida, como una colada, colgaba de las nubes con sus pinzas, sin colores nuevos y agitándose con el mismo viento. Algunas hacen su maleta grande y miran un billete de avión, un mapa, con la caverna gigante de la angustia bien instalada en el estómago, desplazando a un lado el corazón. Suben al norte. No las empuja la falta de lluvias, el fusil vencedor, las plagas, no es eso. Ellas se sentaron en el borde de la cama y todas las mujeres que les hierven en la sangre les gritaron fuerte en el oído que debían irse, que en el norte habría trabajo digno, casa, futuro amable, que aquí ya no queda para todas y que además las hijas que vendrán, si es que vienen, tendrán la obligatoria oportunidad que las madres antiguas ceden, como un relevo al nacer, de conseguir ocupar ese lugar en la historia que aún sigue vacante para nosotras. Mi abuela miraba el mar desde el mirador, y ahora sé que miraba al norte, y con ese gesto me indicaba el camino, me señalaba donde estaban el valor, la libertad exigua que no queremos, la fuerza paciente de siglos que ha de seguir creciendo, la importancia de un solo paso hacia adelante y el olvido de los cientos dados hacia atrás. Y sin querer recuerdo al policía de la aduana suiza, desordenando sin piedad mi maleta de cría de diez años con gesto inquisidor y sonrío porque le aguanté la mirada y no quise que me humillara mientras mi abuela temblaba por mi. El relevo, mi relevo, viaja escondido sin ellos darse cuenta, y sabrán, viendo la vida caminar en redondo, porqué yo miraba tantas veces el mar y porqué ese empeño en las suyas de mirar y hacer las maletas como si de armas cuadradas con cerradura se trataran. Es curioso, mi hijo revolvió en la papelera de los futuros y no paró de hacerlo hasta que encontró el mar.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Enseñar a ver (Berna)
Mi abuelo me enseñó a mirar el cielo y ver. Un avezado navegante de ojos grises.
Cuando conseguí ver la costa como una línea irregular y oscura balanceándose, no pude evitar seguir a las gaviotas, bajo las nubes oscuras que viajaban a tierra. Así supe del viento a favor de la arena.
Así nunca me sentí perdida.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Pentagrama

Matices (Berna)







































Las cuerdas, delgadas y traslúcidas, recorren el cuerpo de madera, en las manos del luthier. Un silencio atroz contiene todas las notas del mundo a punto de nacer. En el hueco oscuro, en su interior, duerme como un niño el tiempo y ningún sonido sera capaz de hacerse oír. Así, los ojos confundidos, dejan de ver. Ningún matiz intermitente de luz, deslizándose sobre los días de noviembre, alterará la sangre blanca de lo intangible. La carcoma anidará en las cajas del pintor  y derrumbará su caballete. La arcilla se escurrirá sin forma sobre el torno, los dedos olvidaran el hierro o el granito, las palabras iniciaran el éxodo sobre un desierto de papel. No habrá estremecimiento en las caricias, en los besos que buscan la piel delicada, suave, hasta libar la tibieza. Se irán los días sin ser vistos, sembrando de lavanda y amapolas el horizonte, y ninguna noche bañará de bálsamo los ojos de la tristeza. Los números perderán el orden y la memoria. Nada explicará entonces lo que somos.
Comprueba el luthier el arco, su obra.
Las notas
van engranando de nuevo, poco a poco, todo lo que nos conmueve: la luz, la arcilla, el tacto,
y cada una de las palabras que se van engarzando
en las cuerdas, delgadas y traslúcidas
del pequeño violín
Un pentagrama, unas notas, luz
eso somos.











domingo, 3 de noviembre de 2013

La Herida



























Final de un día. (Berna)


Llevan tiempo sucediéndose: la nieve, la lluvia, las hojas secas, la yerba verde. Han caminado las nubes sobre aquella ladera y se han ido. Algunas, las mas oscuras, dejaron caer torrentes de silencio y amargura. Los días soleados, la tierra parecía blanca al medio día y los pájaros hablaban como fantasmas de sombra y de viento, acercándose el sonido fugaz, empapado de otras voces. Nacieron los corderos que apenas vivieron para el nuevo año y los cerdos sangraron su alimento al llegar el frío. La tierra se hizo compacta y rasa. Crecieron la sebe, el castaño, alguna solitaria y escuálida amapola. Creo haber visto las flores de azafrán al final del verano. Hubo noches de luna amarilla, entonces bajaban los lobos y escarbaban la tierra olfateando el infierno, también los jabalíes.  Hace cuatro días llegaron y cavaron. Apenas unos metros, en la rasa, muy cerca del castaño enorme ya desnudo de otoño y cubierto de musgo entre las grietas de la madera, sobre las ramas que encaran el viento del norte. Cavaron despacio. La tierra se defendía. Hubo un silencio denso como el aceite, negro como el peso del carbón en los pulmones, como el iris de sus ojos y sus pupilas, bien abiertos ante la fosa desnuda de tierra y llena de huesos. No estaba allí. Ninguno era.
Lleva tiempo mirando al cielo. La luna cambia, pero a veces se detiene sobre sus hombros y acaricia fría su vejez. Él recuerda sus manos blancas y su risa, el pañuelo rojo en su melena. Ha dejado de pensar en la gloria, en la victoria, en aquello que era mas grande que la vida.
Hace ya mucho tiempo y poco queda por caminar. No quiere morir sin encontrar sus huesos.
Cerca del gran castaño, crecen ahora muchas amapolas. Se acercan en racimos a la madera seca que mira al sur.

domingo, 20 de octubre de 2013

Nana











(Berna)

 
 

Crearemos algo nuevo para contarte, mirando alrededor como quien busca un tesoro, aliviados por la luz y el estrecho margen del camino: bordes irregulares alrededor de las piedras sobre el polvo, pequeños charcos ocres tras los días de sequía. A veces alguna hoja arrugada camino de ninguna parte con el viento. Y las raíces del árbol que fueron capaces de llegar a la superficie y mirar el azul, quizás como quien descubre el mar y siente el ahogo de lo infinito. Raíces fuertes agregadas al suelo, el suelo mismo sosteniendonos sobre el abismo, para que podamos caminar. Mira, si las hormigas supieran de la negrura en el horizonte, se darían prisa por llegar a su destino, pero ¿ves? ellas siguen llevando poquito a poco las cosas que se van encontrando en el camino, una a una, haciendo trazos a carboncillo sobre la hojarasca. Escucha en el aire al tordo, que despide la tarde con un canto, capaz de dejar en los tímpanos atentos, la ternura de la ultima luz sobre el monte, antes de la noche y las huellas de los lobos. Y sobre los lomos de las fieras, las estrellas errantes que observaba Aristóteles. Si supieras mi niño, cuantas cosas te acompañan. Tu soledad estará llena, no habrá cuidado. Duérmete, pequeña miga de luz.

domingo, 21 de julio de 2013


Julio acerca la luz inmensa del verano, llega sigilosa y lo llena todo. Parece el mismo calendario, la misma música en la hierba al atardecer. Y sin embargo el verano es un destierro forzoso. Otra Madreselva que libar en el camino. Tenias la guitarra en el hombro y la voz trémula de la inocencia. Había tiovivos y casetas. Hoy el viento trae por momentos los sonidos de la fiesta. Y tu vuelves a susurrarme la tarde y las hormigas. Tenías los dedos largos y abarcaban mis mejillas, la luz se reflejaba verde en tus ojos. Eras y todavía eres en este exilio. Anochece. Las luces de esta noche llegarán contigo.




















domingo, 9 de junio de 2013

Seis meses de marzo


La luz enmudecia al mundo
en la superficie
(la musique dormait dans la petite boîte)
aquellos dedos tan pequeños
giraban la manivela
y todo volvía a empezar
(grand- mère si loin)

l'océan, les bateaux de pêche

y sin embargo la nieve
ofrecía su inmensa ternura, su espacio indefinido,

al otro lado de la ventana

                 ... /murs blancs, toit de bardeaux/

y los copos ligeros susurraban


jueves, 11 de abril de 2013


Verde
nervaduras que recorren la cara llena de luz
pequeñas manchas que se agrupan sumando los días de sol, de cielo vacío
ilimitadamente vertical y misterioso
nervaduras sobre verde para mantener el dibujo de la sombra que oscurece la hierba, el hueco ínfimo
de tierra que la acoge,
tacto frío porque aun rezuma luna y sereno
frío porque ha cerrado los ojos  y sabe de la luz que nacerá
verde  y nervaduras secas que inician el camino sin vuelta de la desmemoria,
cuestión de tiempo
de noviembre, de viento sur, de días viejos
cuestión de borrar caminos y dejar que la lluvia destiña los meses
arrase esa sensación de eternidad, cuando solo era un botón preñado en la rama de aquel roble.
Sabe que es cuestión de muerte y amarillo
de desierto, de danzas en el aire
será tierra, mineral, abismo y raíces, frío
oscuridad
dormirá bajo el árbol seco y verá mis pasos como en un cielo
y verá mis pasos enlentecidos, blancos
verá encorvarse la espalda
verá como la busco tras el fuego y las cenizas
seremos tierra
seremos memoria intacta, torrente de savia en primavera
seremos agua y lluvia, nubes
seremos antepasados y veranos por venir
tiempo infinito, irreal, consecutivo,
nostalgia futura
de quien
bajo esta sombra
nos recuerde.

lunes, 7 de enero de 2013

Volans

Marzo despierta las horas
de luz 
convoca aves al alba,
dibuja un nuevo perfil a la noche 
y a los caminos que me llevan a tu casa.
Trae
entre lineas onduladas sobre el azul
miles de gotas de lluvia
los cristales mojados
la piel que estremeces con tus dedos
vibrando palabras
sobre el borde de los labios.
Marzo dibuja nuevas estrellas
luces que adquieren forma
de pez volador,
Volans en tus ojos;
a ti
siguiendo en la noche con el dedo
aquellas que han caído sobre mi vientre.
Marzo es tu vientre
cubierto de peces y estrellas.

martes, 3 de abril de 2012

La varita mágica

"La bruja pasará seguro por aquí, dejará carbón para que te lo comas y al resto les regalará juguetes, tiene una sombra alargada, su figura está llena de recodos imposibles, casi no se distinguen los brazos pero sí las manos de dedos largos y uñas afiladas, ademas se ríe sin parar y más si lloras, así que no te muevas mientras cierro la puerta del trastero de debajo de la escalera y seguro que te perdona y ya podrás salir."
La luz en forma de cerradura aparecía poco a poco en medio de la oscuridad, era blanca con leves reflejos dorados. Si te fijabas mucho, distinguías pequeñas sombras de colores, borrosas y quietas. Con paciencia, la luz entraba cortando en dos el cuarto, y en su camino recto hacia el suelo, flotaban motitas de polvo blanco brillante que no paraban de moverse. Las seguía con la mirada y esperaba un poco a que se posaran en la baldosa granate y gris del suelo, entonces abría la mano para recibir aquel rayo de calor de alguna hora al crecer la mañana; no tenía miedo, la escoba no era de la bruja, había visto a Sor Aurora barrer las clases con ella, Sor Aurora era buena, así que no podía ser la bruja. Me sentaba en el cubo de fregar y esperaba, el tiempo pasaba muy deprisa y cuando abrían la puerta, todo se volvía blanco, como si la luz me rescatara de la Torre del Castillo y me vistiera de Princesa o de Reina o de Sirena con perlas de colores. La luz si que existía, y además era una larga barita mágica que se sabía mi nombre, decía ¡María sal de una vez! y entraba a raudales en el cuarto.

domingo, 4 de marzo de 2012

De como brilla el miedo

Se cayó el vaso al suelo
los trocitos de cristal
cubrieron todo,
se detuvo el tiempo en alguna parte del estómago
lo sé
porque quería vomitar,
no pensé
no podía bajar de la silla,
hasta que un río tibio
recorrió la cara interna de los muslos
y sí pensé
en la inmensidad del miedo
y en como brillaba
bajo la luz de la cocina.

martes, 24 de enero de 2012

El secreto de Juan

Por morir caminando, cogió la mochila y dejó los zapatos cerca de la casa. Sabía que le llevaría horas alcanzar la costa. La noche era oscura y apenas alguna estrella asomaba intermitente. Conocía el camino porque durante las horas del invierno se había preocupado de buscar los mapas viejos de su padre. Si cerraba los ojos, notaba la densidad etérea del viento y escuchaba los sapos cerca de la cuneta. Hacía meses que llovía sin parar. Algunos coches con las largas puestas le deslumbraban, y antes de recuperar la visión, el gesto de su padre lo llenaba todo. Un camino fácil porque era el suyo. Un mar al final, un barco azul y rojo y una sirena sonando en la bocana del puerto. El tacto del noray era familiar, frío, irregular, un metal moldeado por el salitre durante años. Esperó sentado en la amarras entibiadas por el sol, inspirando el olor del pescado seco y olvidado en el suelo, jugando con los restos de un trasmayu roto y enredado. Esperó porque en la quedada de las cuatro de la mañana, atracaría el "Angelita II" y él saltaría a bordo para abrazar fuerte al Patrón y pedirle un pez raro en un caldero y lo estaría mirando nadar durante horas mientras los marineros descargarían el pescado. Mañana cumplirá siete años.

Y el mar no le concederá nada.
Esperará
pero el mar
no le concederá nada.

domingo, 8 de enero de 2012

Si entre los dedos
pasara
como un suave
rastro de olas

la última hora del día

la que huele a madreselva y agita nubes de ocaso
la que agranda las pupilas
en un intento de atrapar la luz
de fingir calma
ante tal oscuridad...

Pero apenas miro el reloj
y ya sobre los hombros
pesa
se cruza bajo el faro con la nada tormentosa
de esta noche
y apenas nace una luna difusa
y tiemblan las manos

y se agazapa el silencio
en la memoria.

( De " Cartas desde el faro" 2008 )