He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes (2019)

Basilio Sánchez (XXXI Premio Loewe)
Colección Visor de Poesía.
[...]

No he paseado nunca con mi herida
por ninguno de los jardines que conozco.

La herida es el eclipse que revoca la luz,
la herida es la distancia
que nos convierte en extranjeros.

En el dolor no hay pájaros,
sólo dioses hablando con los dioses.


Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)

martes, 3 de abril de 2012

La varita mágica

"La bruja pasará seguro por aquí, dejará carbón para que te lo comas y al resto les regalará juguetes, tiene una sombra alargada, su figura está llena de recodos imposibles, casi no se distinguen los brazos pero sí las manos de dedos largos y uñas afiladas, ademas se ríe sin parar y más si lloras, así que no te muevas mientras cierro la puerta del trastero de debajo de la escalera y seguro que te perdona y ya podrás salir."
La luz en forma de cerradura aparecía poco a poco en medio de la oscuridad, era blanca con leves reflejos dorados. Si te fijabas mucho, distinguías pequeñas sombras de colores, borrosas y quietas. Con paciencia, la luz entraba cortando en dos el cuarto, y en su camino recto hacia el suelo, flotaban motitas de polvo blanco brillante que no paraban de moverse. Las seguía con la mirada y esperaba un poco a que se posaran en la baldosa granate y gris del suelo, entonces abría la mano para recibir aquel rayo de calor de alguna hora al crecer la mañana; no tenía miedo, la escoba no era de la bruja, había visto a Sor Aurora barrer las clases con ella, Sor Aurora era buena, así que no podía ser la bruja. Me sentaba en el cubo de fregar y esperaba, el tiempo pasaba muy deprisa y cuando abrían la puerta, todo se volvía blanco, como si la luz me rescatara de la Torre del Castillo y me vistiera de Princesa o de Reina o de Sirena con perlas de colores. La luz si que existía, y además era una larga barita mágica que se sabía mi nombre, decía ¡María sal de una vez! y entraba a raudales en el cuarto.

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