Método fácil y rápido para ser poeta, volumen II

Método fácil y rápido para ser poeta, volumen II, Pre-Textos/poéticas, mayo 2016



{...} La poesía necesita de la pintura y de la música, porque no es autosuficiente. El poeta recoge cosas de todas partes, aunque no como coleccionista. Hace mosaicos y tapicerías; tiene la función de integrar el mundo en el poema.


Jaime Jaramillo Escobar

Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)

miércoles, 24 de junio de 2009

El fuego mágico

foto 3.bp.blogspot.com


Un verano nuevo, una sábana blanca sin estrenar, bien doblada en el armario de luna y madera de castaño. Huele a siega, a gramíneas sacrificadas para ser pación, o para quemar en días de orbayu. Hay telas de colores granates, azules, verdes, con motivos florales en blanco o gris según su estado de vejez, que se extienden rectangulares sobre la hierba recién segada y sobre las que descansan jirones apelmazados de lana. Algunas mujeres con una vara de avellano , golpean esa lana hasta dejarla esponjosa para mullir las noches del invierno, que no dejará de acudir exacto a su cita. Llega la luz de la madrugada muy temprano, dibuja en la pared pequeños círculos seguidos de rectas, como un código morse, al tropezar torpe, con la persiana de laminas de madera, pintadas en verde, descascarilladas por el viento del nordeste. No hay prisa en dejar la cama, solo cuando fuera se oyen las voces de los chiquillos en la plazoleta, el hambre del desayuno llama al estómago y después de ocuparme de eso, corro escaleras abajo, desde el segundo piso, para empezar la recogida de madera y muebles viejos. Hay que terminar de amontonar cosas para la hoguera de esta noche, cuanto mas alta mejor, mas espacio para jugar a esconderse hasta que el sol, aun a su pesar, se esconda detrás del depósito del agua prado arriba. Este año el muñeco que la corona se llama "el Pintu", no entiendo bien porqué. Falta ya menos, cada vez somos mas alrededor del montón de cosas viejas, hay gente sentada conversando animadamente, compartiendo una tortilla o una empanada recién salida del horno tras ser preparada su masa y dejada fermentar cerca de la cocina de carbón durante la mañana. Acabo de descubrir , en un cielo dorado y azul, la primera estrella. Me tumbo sobre la hierba y lo contemplo, alguna hormiga se atreve a escalar por mis brazos, los grillos se están volviendo locos, el manto húmedo que llora la huida del sol, comienza a cubrir con el brillo del agua diminuta, lo que queda de las plantas después de la siega. También la piel de mi cara. Una estrella fugaz arrastra consigo un cortejo ancho y largo de astros diferentes para adornar la noche. La luna sonríe misteriosa en el primer y mas alto de los palcos, expectante. Son las doce, alguien enciende una antorcha de paja, luego dos, tres. El fuego estalla con fuerza en la base de la madera, crepita cada vez mas imponente. La llama ilumina las caras, las miradas perdidas hacia el centro azul del fuego, hacia el alma que lleva muchos meses escondida de la intemperie. Sé que algunos están llorando, y no es por las cenizas. Yo me acerco lo mas posible, hasta que el guardián vacilante, pertrechado del calor del solsticio, me impide dar un paso mas. El fuego es sagrado la noche de San Juan, y poderoso. Solo cuando los luceros recogen el equipaje para seguir en dirección opuesta a la alborada sobre el puerto, la llama se esconde bajo las cenizas humeantes de deseos, de esperanza, de alegría. Hoy me he levantado con el primer gallo, el de Azucena, y tengo el honor de acariciar el calor que la magia me deja.

1 comentario:

  1. ¡Qué bello relato! Cómo te recreas preparando la magia del momento y del momento postrero.
    Un beso

    ResponderEliminar