Método fácil y rápido para ser poeta, volumen II

Travesía. Elsa López (Poesía Hiperión 2006)


Allí el campo se abre,
se extiende por las manos,
se hace olor a tinajas y a tierra cosechada.
Allí es la luz y el aire por cuartos y azoteas.
Allí Paula presiente el paso de las nubes,
con la inquieta certeza de las aves.
[...]



Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)

domingo, 30 de noviembre de 2014

Pepe Luis

Mi padre pensaba. Se sentaba en la cocina o en el salón y con su cigarrillo como un apéndice mas de su mano derecha, se quedaba mirando a la nada. A veces lloraba. Hay personas que hablan consigo mismas, razonan, fabulan, buscan respuestas. No son muchas. Mi padre hablaba de los seres humanos con todas sus miserias y grandezas como si fuera Sócrates entre sus alumnos un luminoso día de la acrópolis, mientras yo lo escuchaba atenta porque el instante era efímero. Sus conclusiones y propuestas estaban carentes de todo sentimiento personal. Podían ser terribles o fabulosas, todas propias de un genio en ese momento, lúcido. Me quedaba admirada de la perfección en la construcción del argumento, fuera posible o imposible, la formulación con una combinación perfecta de elementos vitales, pasionales, futuros, de entorno. Un alquimista, un físico, un hombre empeñado en comprender desde esa caverna de sufrimiento en la que creía vivir y que solo era real en sus ojos de niño. Construyó teorías perfectas que nadie conocerá. Eran papel arrugado en una papelera de tiempo, folios y folios de ensayos en un intento desesperado de conocer, encontrar respuestas que aliviaran su sed. Y no pudo ser.

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