Burano es de colores. La luz se refleja en sus casas como en una vidriera gótica que mira al sur. En el suelo, el sol se esparce cubriendo todas las calles de un cielo blanco sin fondo, salvo cuando llegas al canal, o a la laguna, y todo se vuelve brillante y oscuro y se mueve con un balanceo suave que mece las barcas. Lloraban y caminaban despacio. El féretro llegó en una camilla con ruedas y se detuvo al lado de la barca. Lloraban las mujeres, alguna enlutada, joven. Los de la funeraria subieron el féretro cubierto de flores a la barca. El sol era despiadado. Y el silencio. Se puso en marcha el motor y se fue alejando dejando una pequeña estela en el agua. Una mujer encorvada de tristeza se sentó en la silla de la terraza que estaba a mi lado, con lágrimas inmensas, rodeada de los suyos. Apenas unos pasos separaban la pérdida de una cerveza y un paisaje de colores. Y sin querer seguí la estela funeraria por la laguna, hasta que sólo fue un pequeño punto entre tantos en el horizonte. Lo mismo hizo la mujer sentada a mi lado.
Burano es de colores, casi blanca con el sol del medio día y bajo esa luz, estelas de amor y ausencia que se entrecruzan con aquellas que va dejando mi barco, mientras navegamos hacia Torcello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario