He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes (2019)

Basilio Sánchez (XXXI Premio Loewe)
Colección Visor de Poesía.
[...]

No he paseado nunca con mi herida
por ninguno de los jardines que conozco.

La herida es el eclipse que revoca la luz,
la herida es la distancia
que nos convierte en extranjeros.

En el dolor no hay pájaros,
sólo dioses hablando con los dioses.


Casa

Casa
Casa (Foto, Berna)

domingo, 29 de marzo de 2020

domingo, 9 de febrero de 2020

Tren hacia Ravensbrück





Foto Berna



Lenta
pausada,
despacio va la nieve, con los aperos,
va cubriendo la tierra, cercando muros y lumbreras.
Las traviesas se suceden paralelas hacia un punto distante, secreto.
Lenta sobre el techo del vagón, vistiendo las ramas que toca el tren a su paso.
Tras las ventanas, vibra el sonido de ese tren, alcanza la piel de quien toma los alimentos y la ternura, los oídos de alguien que huye hacia el centro del hogar, hacia el refugio cálido de la indiferencia. El frío ruge en las cerraduras del alma y ellas saben, ven, desde su estrecho hueco, el desierto del temor rodeándolo todo. Nigromante, va la crueldad envolviendo los vagones, como en un rito de irreversible destino. Hubo un adalid de la raza, creyeron en un hombre que los haría reyes y se volvieron ciegos. Reyes exentos de ellas, infrahumanas, hacinadas y enfermas, ocultadas en ese furgón, despojadas de aquellos esbozos de futuro que retenían como en un espejo de conciencia. Llegarían a Ravensbrück, rozarían el viento y la muerte, la misma que silba a su paso en las ventanas opacas de los reyes. Llegarían. Fuera del mundo. Invisibles para siempre.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Hipnosis





Foto, Berna



 




Blanca,
la luz rasante sobre las gotas;
irregular y suave
la arena  se oscurece,
la custodia del universo
su reflejo,
desaparecen.
El tiempo cubre
con su telón invisible
la tragedia.
El mar ha perdido en el camino a la orilla
la lengua cierta del naufragio,
los signos del relato.
No hay sirenas, no hay mentira,
existe
un fondo
enredado en el silencio de los peces,
sembrado por luceros
implorantes de luz,
desterrados en su noche,
la última noche.
Irregular y suave la arena,
así siempre
recibe mientras barre la corriente
la lluvia que sucede:
vísceras latiendo aún
muy despacio
precipitadas
al silencio,
ese idioma indescifrable,
liquido
que penetra y exonera
para siempre
su lamento,
el grito imaginario, blanco
sobre las gotas de agua
que consiguen dibujar
un mar. 
Deslumbrados,
la luz rasante en la superficie
nos ofrece la belleza
la imagen azul y transitoria
de los días.
Bajo la hipnosis,
hilvanando delicadamente la culpa
dejamos de ver la lluvia que sucede:
vísceras latiendo aún
despacio
precipitadas
al silencio
sepultadas
minuciosamente
por una arena,
irregular y suave,
que traslada
tu corriente.










































lunes, 19 de agosto de 2019

El dibujo en el satén

Foto, Berna





Reconozco
el murmullo de la tierra
cuando pasas,
el temblor deslizándose,
la serpiente sigilosa
en la lumbre y en las sombras.
Las manos dicen la verdad
ellas se retuercen en el fuego
imaginario de tu boca,
imploran
una piedad sedosa
que caiga sobre la piel
que recubra con su bálsamo
el atisbo de luz
que va naciendo en los ojos.
Es tan leve su nombre,
apenas unos gramos de tibieza,
ala ciega que se pierde
en la noche
que intuye cada paso
en la garganta.
Reconozco en tu rastro
la hierba quebrada
el vuelo de las aves asustadas
el fango en el arroyo de aguas claras.
Es tan dulce el movimiento
alerta la mirada
el dibujo oscuro en el satén,
sobre una piel amartelada.













lunes, 29 de julio de 2019

La casa vacía




Foto, Berna

                                



La lucidez de lo que aguarda,
ese punto en el mapa
ineludible,
el adobe de barro y de tristeza
en nuestra casa,
la ceniza aún caliente entre las manos.
¿Y para qué las alas?
a dónde llevar la ausencia
para qué observar el cielo
si nos niega
las estrellas.
La ceguera y vuestros rostros
el silencio
nada más,
y el alma olvidará
y olvidará el tiempo
los caminos
donde yacen
todos los días
de luz
que fueron nuestros.








domingo, 30 de junio de 2019

Salvadora, la que conoce el mar





Foto, Berna





 
Crecen en la madera, los círculos concéntricos que describen los minutos, existe, llena de savia, esperando el regreso de la marea. Los párpados protegen el orvallo de la infancia que aún corre en las aceras y en la iglesia, en el rostro doliente de la cruz. Es la luz quien llama y trae la vigilia envuelta en sábanas bordadas y nanas azules de ausencia. Pesan ya los frutos en la primavera, el acero del ocaso anuncia su huida en las manos y nada impedirá el abandono de la carne y la semilla sobre la tierra. Ella bajaba las escaleras que cuentan las horas con su misma cadencia, ella vio el último destello en la amanecida sobre el paredón, sobre la cama blanca y enferma de aquella que sintió en su vientre, sobre las gafas ya inútiles de su amor. Es la nitidez de sus rostros cuando se asoma al tiempo que desfila sobre los tejados, la claridad que atraviesa veloz la memoria y las alas exhaustas. Quiere boyar como la madera, desraizar los corales que la mantienen cautiva. Clama en su puerta la crueldad de las horas que le nacen y abandona en sus labios la amargura, el rezo repetitivo que implora al olvido. Regresa la mañana a su ventana, y el rumor del mar, y todos los fantasmas necesarios, para vivir un día más.

jueves, 28 de marzo de 2019

Desconocer




Foto, Berna





Entiendes la verdad
el viento lleva, tejidas en su mimbrera
las voces, los trinos, las hojas secas, la lluvia;
el día muere lentamente, despacio,
sobre el cristal de las ventanas,
es cierto, lo escuchas, lo ves
y sin embargo
las voces existen en otro lugar, nacen fuera del alcance de tus ojos,
el mensaje, lejos
no es, no quiere, ser para a ti.
Los pájaros han huido hacia otras ramas, fuera de la luz que a ti te llega
y aunque tus manos atrapen la lluvia, las hojas,
el otoño no estará ahí, aun no habrá nacido en esta noche tibia
que va encendiendo las luces en la calle
en tu casa
en el reflejo blanco sobre la ventana.
Conoces la verdad
el camino a su pesebre
al nido primero de todas las palabras,
de la certeza inequívoca de quien ve,
Sabes y no irás
no querrás desandar el camino
deshacer la trama que la transforma,
que la hace pájaro en un otoño ausente
lluvia blanca en los cristales de la noche.